Es un verdadero pueblo de pescadores cuyos habitantes permanecieron durante años aislados y abocados a la pesca de tiburón. En las últimas décadas muchos visitantes descubrieron la gran personalidad de este pueblito situado sobre una punta rocosa cuyas masas pétreas adoptan insólitas formas.

El encanto de Punta del Diablo es difícil de superar. Situada en la costa atlántica rochense, rica en sorpresas y diversidad, Punta del Diablo impacta al visitante desde su arribo. Una amplia ribera rocosa, entre cuyos pliegues hay playas acogedoras, y el entorno humano de un pueblo de pescadores, en su mayoría dedicados al procesamiento artesanal del tiburón. Aunque no se caracteriza por una gran infraestructura (y ahí radica buena parte de su encanto), Punta del Diablo tiene todo lo que el veraneante necesita, tanto en lo referente a alojamiento como a gastronomía y consumo básico.

La arquitectura, informal aunque atractiva, con que creció el pueblo, dio continuidad a su aire rústico, de aldea marina. En el extremo de la punta rocosa, numerosos puestos de artesanías a partir de vértebras de tiburón dan un toque aún más pintoresco al conjunto. Las playas son espectaculares; al suroeste está la Brava, con olas que cortan el especial verde-azul del mar con espuma blanquísima y para los niños es ideal la Mansa, una tranquila y enorme bahía resguardada del viento.

Un lindo paseo desde Punta del Diablo consiste en alquilar un carro tirado por caballos y llegar por la playa hasta el Cerro de la viuda, con extrañas formaciones rocosas. Pero Punta del Diablo no se encuentra aislada, sino que es parte de una cadena de atractivos turísticos, que hacen de Rocha uno de los departamentos más visitados del país.

En este pueblo rústico es muy común alquilar ranchos y cabañas, pero la temporada que viene también puede optar por acampar a tan solo 900 metros de la playa de la viuda en nuestro camping:

El pintoresco pueblo de pescadores Punta del Diablo muere en el mar. Con calles curvadas por el viento, con una arquitectura rústica y con playas que seducen a todo aquel que pisa sus arenas, es uno de los balnearios preferidos por quienes visitan el Este uruguayo. Una enorme cantidad de piedras embellece el paisaje costero con formas redondeadas por el caprichoso trabajo del tiempo, huellas emblemáticas de la erosión del mar y el viento.

Ubicado casi en el kilómetro 300 de la ruta 9 que nace en Montevideo, Punta del Diablo pertenece al departamento de Rocha y se encuentra a 140 kilómetros de Punta del Este y a 60 kilómetros de la localidad de La Pedrera.

La brújula nos cuenta que Punta del Diablo se encuentra rodeado al norte por el Parque Nacional Santa Teresa, al sur por las reservas forestales de pinos y eucaliptos, al este por la bravura del océano Atlántico y al oeste por la fantástica Laguna Negra, meta de innumerables excursiones durante el verano.

Al igual que en otros conocidos balnearios uruguayos, sus playas más visitadas son La Brava, con olas grandes y movedizas, y La Mansa, mucho más tranquila porque descansa sobre una pequeña bahía que la resguarda del viento. Se trata de dos opciones perfectas para divertirse: una, para los jóvenes y surfistas, y la otra, para padres de niños pequeños que pueden jugar lejos del peligro sin dejar de disfrutar del agua.

Los artesanos y sus artesanías también encontraron su lugar en Punta del Diablo, casi pegados al mar. En el extremo más rocoso se ha instalado una feria artesanal con puestos autorizados que muestran al turista todo tipo de trabajos realizadas con caracoles marinos, maderas, cerámicas y estrellas de mar.

Por las noches, además de esta feria, distintos y acogedores paradores ofrecen cenar deliciosas comidas de mar y disfrutar con excelentes tragos cualquiera de las veladas que terminan generalmente antes de que salga el sol.